Escritura y pensamiento

La escritura es una herramienta ideal para desarrollar y afinar nuestras ideas. Sin embargo, para poder usarla en plenitud, debemos desaprender algunas creencias y supuestos.

El aprendizaje de la escritura y sus presupuestos

Aprendemos a escribir alrededor de los seis años. No dejamos de escribir, en mayor o menor medida, desde esa edad. No hay casi ninguna otra habilidad que nos acompañe por más tiempo. Sin embargo, ante la idea de escribir, sufrimos vértigo.

No es sólo el miedo ante la página en blanco de los escritores. Todos sentimos la misma angustia: no sabemos por dónde empezar.

Gran parte de la responsabilidad, me parece, está en entender la escritura como un simple accesorio del pensamiento. Primero pensamos algo, después lo escribimos. Si pensamos bien, lo escrito sale bien. Si debemos responder a una pregunta, la respuesta ya la sabemos de antemano. Sólo hay que escribirla. Así es cómo desarrollamos la escritura durante toda la escuela.

Propongo pensar la escritura de otra manera: como una exploración. La escritura es un vehículo de primer orden para que el pensamiento se desarrolle. Para ello, hay que darle espacio.

La escritura como proceso (un ejercicio)

El siguiente es un ejercicio para crear ese espacio para la escritura:

  1. Elegí un tiempo. Para empezar, diez minutos es suficiente.
  2. Durante ese tiempo, escribí sobre el tema que quieras explorar sin ningún tipo de límites. No borres, no corrijas, no vuelvas atrás. Perdete en el tema. Equivocate. Volvé a encontrar el centro. No hay forma de escribir mal, salvo una: permitir que el juicio se interponga y dejar de escribir.
  3. Al final del trabajo leé lo escrito. Vas a encontrar mucha basura, pero habrá una idea, una imagen, una frase que tenga cierta fuerza. Resumí esa frase o o esa idea en una afirmación lo más contundente que puedas.
  4. Volvé a escribir durante otros diez minutos, tomando la afirmación como punto de partida. Escribí “a la luz” de esa afirmación.
  5. Repetí el proceso hasta que tengas cuatro textos. El proceso es siempre el mismo: escritura, revisión, afirmación, escritura.
  6. Después del último texto las cosas deberían estar mucho más claras. Por lo común, a través del proceso de reescritura emerge un tema central, un punto focal de lo escrito. Ahora podés empezar el proceso de corrección, tomando la idea central última y el último texto como base. Pulí, reescribí, ordena y eliminá todo lo necesario para que el texto exprese la idea central. No tengas miedo de eliminar partes importantes de tu texto. Menos es más, siempre.

Últimas consideraciones

Expuesto así, el ejercicio parece ser una suave progresión hacia el mejor texto posible. Nada más lejos, y debo advertir una cosa: en algún momento uno se siente perdido, no sabe para dónde ir. Es normal, y hasta es deseable. Según mi experiencia, los mejores textos surgen cuando uno se siente más perdido. Lo mejor que puede pasar es empezar con una idea y terminar, después de las re-escrituras con una idea totalmente distinta. Esto es un signo claro de que el pensamiento evolucionó, cambió, se hizo más rico. Igual que un organismo vivo.

Precisamente, la idea detrás del proceso es que el texto a escribir es como un organismo vivo: cambia, se desarrolla, termina siendo algo distinto pero a la vez es más puramente lo que es en realidad. Lo importante del asunto no es sólo lo que pasa con el texto: es lo que pasa con nuestro pensamiento. El texto es el vehículo. Nuestro pensamiento y nuestras ideas cambian con el texto, se desarrollan, se enriquecen.

Piérdanle el miedo a la escritura. Es perderle el miedo al propio pensamiento.